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El fascismo está actuando en Santa Cruz, el gobierno debe investigar

Las casetas del populoso mercado Mutualista en Santa Cruz comenzaron a quemarse la noche de ayer domingo, justamente al día siguiente de que los gremialistas anunciaron que no acatarán el anunciado paro de 48 horas decidido por la Gobernación y el Comité Cívico cruceños, a la cabeza de otras instituciones totalmente controladas por la derecha, como la Universidad Gabriel René Moreno. Aunque se desconocen las causas que originaron este desastre, llamó enormemente la atención que los pocos hidrantes de la zona no tenían agua, por lo que el fuego que inició en algunos puestos pudo extenderse rápidamente. Vanos fueron los esfuerzos de los comerciantes, que trataron de recuperar la mercadería que tenían en sus kioscos, arriesgando sus vidas. Con la llegada de los bomberos y colaboración de los mismos comerciantes se combatió el siniestro; luego, cuando arribó al lugar Luis Fernando Camacho, fue recibido con mucha hostilidad porque varios comerciantes abiertamente lo acusaron de estar detrás

Viva el acullicu


Por Rafael Puente

Sí señor, está visto que nuestro fuerte -digo, el fuerte de nuestro Gobierno- es la política internacional. Es en los foros internacionales donde nuestro país aparece con voz propia, sincera e insumisa, a diferencia de lo que había ocurrido en toda nuestra historia. Y ahora hemos obtenido un triunfo que, a pesar de ser más simbólico que material, no deja de ser de gran importancia. La Organización de Naciones Unidas ha reconocido la legalidad del acullicu, es decir ha reconocido la ignorancia y estupidez con que se decidiera en la famosa Convención de Viena conceder un “plazo” para que las mayorías indígenas -y no tan indígenas- de Bolivia dejara de masticar coca; como quien dice para que entráramos en razón y entendiéramos el daño que estábamos causando a nuestros organismos. Y al cabo de 60 años les hemos hecho entender que ese plazo de la Convención, además de hipócrita, era estúpido, simplemente porque no había tal daño.
Claro que, mucho más que a los representantes de las naciones que suscribieron dicho convenio, a quien habría que poner en la picota del escarnio es a los gobiernos bolivianos que durante decenios aceptaron como sensato y como posible ese plazo para que entrara en vigencia la prohibición absoluta del acullicu, prohibición que por supuesto a nadie se le ocurrió siquiera hacer efectiva, por la sencilla razón de que habría sido tan poco real como prohibir que los gringos masticaran chicle. Un prueba más del tipo de gobiernos -y partidos gobernantes- que hemos tenido a lo largo de la historia, caracterizados todos por el más profundo desconocimiento del país que gobernaban.
Pero el peligro ahora es que se incremente la producción de hoja de coca ilegal.
No podía faltar ese sobresalto, que en el fondo es pura ingenuidad.
Para empezar, el triunfo diplomático obtenido por Bolivia es puramente simbólico y no implica cambios reales, por la sencilla razón de que hasta ahora nadie había dejado de acullicar porque estuviera teóricamente prohibido. Por tanto, la hoja que se dedicaba al acullicu -y a otras formas de uso medicinal y ritual- será la misma que se seguirá destinando a dicha actividad. Y la famosa coca ilegal podrá ser por tanto la misma.
-¿Y le parece poco grave?
-No me parece nada. Porque aquí estamos celebrando el triunfo sobre la hipocresía y la ignorancia internacionales. Lo demás son problemas que nunca hemos podido resolver, y que igual va a ser difícil de resolver a partir de ahora.
Porque, precisamente partiendo de las convicciones liberales de los gobiernos que maldecían la hoja de coca por ser potencial materia prima de la cocaína, tenemos que entender que la ley de la oferta y la demanda -la ley preferida de dichos gobiernos- no deja de estar vigente por una prohibición legal, por muy internacional que sea. Y mientras siga habiendo demanda de cocaína, habrá demanda de materia prima para la cocaína, y, por tanto, demanda de coca ilegal, y, por tanto, negocio de narcotráfico, tanto más jugoso cuanto más estricta -y militarizada- la prohibición.
Por tanto, si a Ud. le preocupa tanto la existencia de cocaína, y con razón le preocupa porque la drogadicción es nefasta para toda la sociedad, debería ponerse a estudiar qué se puede hacer para que disminuya el consumo de dicha droga, sobre todo en los países desarrollados, y debería pensar si lo sabio no sería sumarse al movimiento a favor de la despenalización de la droga, que sería la única manera de acabar con el narcotráfico. O consecuentemente poner en marcha un movimiento a favor de la criminalización del caldo de caña, para resolver, aunque sea parcialmente, el problema del alcoholismo, tan grave socialmente como el de la drogadicción.
Pero no estábamos hablando de eso, sino de lo reconfortante que resulta que el Gobierno boliviano haya logrado que triunfe la razón en un espacio tan importante como es el de Naciones Unidas. Alégrese, pues, y acullique un poco y dormirá más tranquilo.

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