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El fascismo está actuando en Santa Cruz, el gobierno debe investigar

Las casetas del populoso mercado Mutualista en Santa Cruz comenzaron a quemarse la noche de ayer domingo, justamente al día siguiente de que los gremialistas anunciaron que no acatarán el anunciado paro de 48 horas decidido por la Gobernación y el Comité Cívico cruceños, a la cabeza de otras instituciones totalmente controladas por la derecha, como la Universidad Gabriel René Moreno. Aunque se desconocen las causas que originaron este desastre, llamó enormemente la atención que los pocos hidrantes de la zona no tenían agua, por lo que el fuego que inició en algunos puestos pudo extenderse rápidamente. Vanos fueron los esfuerzos de los comerciantes, que trataron de recuperar la mercadería que tenían en sus kioscos, arriesgando sus vidas. Con la llegada de los bomberos y colaboración de los mismos comerciantes se combatió el siniestro; luego, cuando arribó al lugar Luis Fernando Camacho, fue recibido con mucha hostilidad porque varios comerciantes abiertamente lo acusaron de estar detrás

Las esposas de verde olivo: otra variable de la desestabilización del Proceso

Por: Fernando Rodriguez Ureña
Es conocido el accionar de las damas de blanco en todos los procesos revolucionarios y de transformación social. Generalmente señoras de conocido prestigio y posición social, demócratas, anticomunistas, defensoras de ventajas elitistas y cristianas.  No piensan mucho, se guían por consignas de fácil comprensión, siempre ligadas a la libertad y el respeto a su credo religioso. Se movilizan para cuidar su propiedad y se convierten en sacerdotisas del sistema y sus sacrosantas instituciones como el poder judicial, los órganos electorales, los medios de comunicación, las confederaciones de empresarios privados y sus órganos conexos.
Estos grupos se han movilizado en Cuba, Venezuela, Ecuador, Honduras, Nicaragua y Bolivia ante las medidas de transformación que proponían los procesos antiimperialistas en cada uno de estos países. Por supuesto, no fue ninguna casualidad su aparición y actuación casi gemela, con sus albos trajes, símbolo de pureza y espiritualidad, que junto a sus pañuelos y sombreros, significaban el aporte de movilización de las mujeres defensoras de valores “dizque decentes, occidentales y cristianos”.
Sus acciones y movilizaciones han tenido soporte de las grandes cadenas mediáticas digitadas por el imperialismo, tocando la sensibilidad de personas admiradoras “del valor” de mujeres que enfrentado a las fuerzas policiales exponen sus posiciones políticas potencialmente conspirativas.
Esas acciones no son difíciles de reconocer en su origen y las fuerzas revolucionarias las tienen bien identificadas. Temporalmente están aparentemente neutralizadas, aunque siempre aparecen cuando es necesario presionar al gobierno de la voluntad popular.
En Bolivia, esa misma variable, ha empezado a cambiar de color en el uniforme. Hoy son tonos de verde y verde olivo los que aparecen en sus movilizaciones.
Esposas de policías primero y ahora esposas de suboficiales cumplen las funciones de las damas de blanco, con exactamente los mismo fines conspirativos y de desestabilización. Por supuesto, detrás de ellas, sus esposos se atrincheran con argumentos que dicen tener objetivos democráticos sabiendo o no que están cumpliendo los designios de la CIA.
¿Y cuales sus argumentaciones? Aquellos que fueron bien identificados por la conspiración, como elementos contradictorios en la teoría y acción gubernamentales, los cuales se exacerban al extremo para acrecentar el descontento.
Es por demás sabido que las FFAA en nuestro país, por décadas sino por poco más de una centuria, ha sido un instrumento utilizado por las oligarquías para cuidar sus intereses particulares y los de sus socios transnacionales. Y esto no es ninguna especulación. Hoy hay varios militares purgando penas por sus acciones en contra de la población desarmada sobre la que actuaron sin tomar en cuenta para nada el uso proporcional de la fuerza y menos los intereses del país.
Obviamente, el molde de la formación de los militares en institutos militares pudo haber cambiado en ocho años de gobierno revolucionario, pero lo que no cambiará en esos plazos, son los contenidos de una cultura institucional y de formación, que no varían en absoluto por la incorporación de una nueva consigna en la jerga militar: ¡Patria o Muerte!
Entonces seguimos hablando ya no de la forma, ni de los procedimientos de incorporación a la institución (donde evidentemente se abrió las puertas a indígenas), sino de los contenidos y la filosofía de relacionamiento al interior de la institución castrense: la colonialidad no se borra por decreto y eso se pone en evidencia cuando un oficial superior trata a los suboficiales con expresiones como “hijo”, o peor aún, cuando por la verticalidad de la institución, lo sabe inferior y a su servicio (muchas veces encubierto por su mando), en situaciones que van más allá del cumplimiento del contexto y orden militar.  
Eso es parte del paisaje al interior de la institución castrense. Suele entenderse como algo normal. Y por supuesto, es una confirmación que denota que no todos son iguales: que hay oficiales superiores así como inferiores, con diferentes obligaciones, espacios de desenvolvimiento de sus actividades básicas como casinos, servicios higiénicos, dormitorios,  cuadras y furrieles y por supuesto, en ingresos económicos y espacios de servicios sociales como los hospitales.
Estas diferencias se agigantan cuando por formación inicial (mal endémico de la formación escolar boliviana), los “suboficiales” ingresan a estudiar como civiles (porque los reglamentos así lo obligan) a los institutos militares y en importantes porcentajes no pueden rendir en los parámetros académicos establecidos, porque no tienen las bases indispensables para tecnificarse y/o profesionalizarse. Un nuevo motivo de frustración para acrecentar la brecha con los oficiales denominados superiores.
Entonces, esa contradicción entre lo normado y lo realizado, es muy bien aprovechada por quienes van echando gasolina al fuego cuando planifican la implosión interna.
¡Discriminación! será la denuncia y bajo este concepto, se desplegaran iniciativas judiciales contra oficiales del Alto Mando. Marchas y protestas y por supuesto, las huelgas de hambre de las señoras de verde olivo, volviéndose funcionales a los intereses conspirativos.
La respuesta de la denominada superioridad, lógicamente teñida por los valores de su formación “casi de casta” y de las normas de una institucionalidad que aún no se ha revolucionado, será de fuerza y disciplina bajo argumentos como la verticalidad en el mando y la ausencia de deliberación. Simplemente actuarán como fueron formados con el potente argumento de sus normativas institucionales que en muchos casos, siguen respondiendo a una estructura republicana y colonial, que la Revolución Democrática y Cultural debe transformar..
Es curioso, como la “conspiración permanente” una vez más usa instrumentalmente  principios como la defensa de los derechos humanos, la lucha contra la colonialidad, el racismo y la discriminación, cambiados de signo para convertirse en instrumentos políticos de intereses ajenos al país, atacando con estas armas al gobierno del Proceso de Cambio. Será importante no caer en ese tipo de provocaciones sembradas y cultivadas por la CIA y sus agentes locales.
El contradictorio rol de fracciones “encubiertas” de las Fuerzas Armadas en los procesos de transformaciones revolucionarias, su cultura institucional, la ideología que emiten en torno a valores republicanos, su carácter corporativo, su historia de traiciones entre ellos y hacia los civiles, sus aspiraciones de poder político y las taras de colonialidad que arrastran como “institución tutelar de la patria”, deben ser motivo de reflexión y evaluación para cerrar brechas que pueden tener consecuencias sobre los objetivos del proceso y por supuesto, la perspectiva socialista comunitaria del Proceso de Cambio.
¡Destruyamos los escenarios de conspiración producidos por las contradicciones inherentes a todo proceso de transformaciones! Profundicemos la Revolución Democrática y Cultural en todas las instituciones del Estado Plurinacional, incluidas las Fuerzas Armadas.

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