Ir al contenido principal

El fascismo está actuando en Santa Cruz, el gobierno debe investigar

Las casetas del populoso mercado Mutualista en Santa Cruz comenzaron a quemarse la noche de ayer domingo, justamente al día siguiente de que los gremialistas anunciaron que no acatarán el anunciado paro de 48 horas decidido por la Gobernación y el Comité Cívico cruceños, a la cabeza de otras instituciones totalmente controladas por la derecha, como la Universidad Gabriel René Moreno. Aunque se desconocen las causas que originaron este desastre, llamó enormemente la atención que los pocos hidrantes de la zona no tenían agua, por lo que el fuego que inició en algunos puestos pudo extenderse rápidamente. Vanos fueron los esfuerzos de los comerciantes, que trataron de recuperar la mercadería que tenían en sus kioscos, arriesgando sus vidas. Con la llegada de los bomberos y colaboración de los mismos comerciantes se combatió el siniestro; luego, cuando arribó al lugar Luis Fernando Camacho, fue recibido con mucha hostilidad porque varios comerciantes abiertamente lo acusaron de estar detrás

Profundizar el proceso de cambio desde los movimientos sociales

Por: Alfredo Rada
¿Hay procesos revolucionarios que no tengan contradicciones internas? Por supuesto que no, ni antes ni ahora, ni aquí ni en ninguna parte del mundo. Precisamente la acción política transformadora consiste en comprender los aspectos contradictorios (por tanto dialécticos) de la realidad histórica-concreta para seguir transformándola. Quien busque procesos unidireccionales en lo político y homogéneos en lo ideológico, caerá inevitablemente en la decepción y el escepticismo, corto preámbulo hacia el derrotismo y la capitulación.
Hace tres años el cuadro de situación era preocupante. La Central Obrera Boliviana (COB) se había distanciado del Gobierno a raíz del “gasolinazo” del 2010. Esta ruptura con los sindicatos -a la que después se sumó otro quiebre con los indígenas amazónicos por el conflicto del TIPNIS- debilitó al Bloque Social Revolucionario conformado por los movimientos sociales indígenas, obreros y populares que, entre los años 2006 al 2009, impulsó y respaldó las más importantes medidas de cambio estructural tomadas durante ese período: en lo económico la nacionalización de los hidrocarburos, en lo político la fundación del Estado Plurinacional, comunitario y autonómico.
Había que reconstituir ese bloque para recuperar el impulso revolucionario; era un objetivo de la mayor importancia que sólo pudo cumplirse una vez derrotada la línea de ultraizquierda en la conducción cobista que llevó a la confrontación  por la Ley de Pensiones en mayo del año pasado. ¡Cuánto han cambiado las cosas desde ese momento! La autocrítica gubernamental preservó la naturaleza del gobierno de Evo como un Gobierno de los movimientos sociales. La autocrítica sindical permitió la reinserción proletaria en el proceso para profundizarlo, propugnando la aplicación de una agenda programática revolucionaria.
Luego se dieron las cosas como en cascada. El reencuentro de la COB con el Gobierno reforzó a la Coordinadora Nacional por el Cambio (CONALCAM), que incorpora en su seno, además de los sectores sindicalizados, a sectores que responden a otras lógicas organizativas como las autoridades originarias de pueblos indígenas, las juntas vecinales y juntas escolares urbanas, los microempresarios y cooperativistas. La convocatoria conjunta de la COB y CONALCAM posibilitó que el proceso vuelva a tener fuerza social movilizada en las calles: recordemos la masiva concurrencia a la marcha del 1 de mayo del 2014 convocada por la COB en la ciudad de La Paz, o la multitud que colmó el Estadio Tahuichi Aguilera en la ciudad de Santa Cruz en la apertura de la Cumbre del G77 + China, en lo que fue una inédita acción de masas en tierras orientales.
El gobierno de Evo también se ha fortalecido, al expandir su base social de respaldo entre los trabajadores lo que impactó positivamente en todo el campo popular. Estos desplazamientos han reavivado el debate ideológico y programático-estratégico, traducido en una pregunta: ¿hacia dónde va el proceso de cambio?
Encandilados por el buen momento económico que vive el país, hay quienes postulan que se trata de administrar la estabilidad y el crecimiento, ampliar nuestra base productiva con mayores flujos de inversión interna y externa, y fortalecer la redistribución del excedente. Esto, que no es malo en sí mismo, constituye el núcleo de pensamiento del progresismo socialdemócrata, cuya arista no revolucionaria radica en que va dejando de lado, hasta abandonar por completo, cualquier programa de superación del sistema capitalista, y termina asumiendo como propia la engañosa ficción de que estabilidad, crecimiento, inversión, mayor producción y hasta redistribución se pueden alcanzar bajo este sistema, eso sí dándole un aire más endógeno y regulando sus aspectos injustos. El progresismo en economía con frecuencia va de la mano con el pragmatismo en política; así por ejemplo la presencia de algunos invitados con trayectoria de derecha en las listas electorales será presentada como un “acto de inclusión” y no como una preocupante concesión ideológica.
Pero el recuperado protagonismo obrero y de los movimientos sociales inevitablemente va a fortalecer otras tendencias ideológicas dentro del proceso de cambio. Una muestra ya se vio en el “Encuentro Sindical Internacional Antiimperialista” realizado en la ciudad de Cochabamba hace tres semanas. Este evento, convocado por la Federación Sindical Mundial (FSM) y la Central Obrera Boliviana (COB) con la adhesión del Gobierno de Bolivia, reunió a más de 1200 delegados de organizaciones sociales de todos los departamentos del país, así como a un centenar de representantes sindicales llegados de casi toda Latinoamérica, de Africa, Asia y Europa. El Encuentro aprobó una Tesis Política en la que se puede leer lo siguiente: “Sin abandonar la lucha en defensa de las condiciones materiales, los trabajadores debemos intervenir en la vida política del país en nuestra condición de vanguardia revolucionaria. Vanguardia que en el caso de Bolivia y otros países se complementa con el proyecto político de las naciones y pueblos indígenas originarios y campesinos, que fusionan la lucha sindical con lo comunitario bajo un horizonte de Socialismo Comunitario”.
Aquí está el presente vigoroso y el futuro esperanzador del proceso boliviano; en estos planteamientos que defienden lo hasta aquí logrado (que no es poco) y buscan la profundización de los cambios con su propia acción política desde los movimientos sociales. Pero el discurso de profundización del proceso, si quiere ganar mayor vitalidad, debe estar acompañado de propuestas programáticas que apunten al mayor fortalecimiento del Estado con nuevas nacionalizaciones en sectores estratégicos de la economía y nuevas industrias en petroquímica, siderurgia, metalurgia y de alimentos procesados, a la transformación de las relaciones capitalistas de producción en las empresas públicas, al potenciamiento del sector social y comunitario de la economía a través de proyectos productivos de carácter asociativo y que generen empleo, a la revolución agraria que erradique las nuevas formas de latifundio y extranjerización de la propiedad de la tierra surgidas en los últimos años, a la soberanía alimentaria evitando las nuevas formas de monocultivo tanto en el oriente (soya) como en el occidente (quinua) del país, a la defensa de la Madre Tierra tanto de la contaminación minera como del severo impacto del consumo irracional de recursos naturales en las ciudades.  
Si los movimientos sociales mantienen la iniciativa político-programática se convertirán en el principal factor de gobernabilidad democrática en el mediano plazo, un factor imprescindible para la gestión del proceso.
Hoy que estamos ante la probabilidad de un nuevo triunfo de Evo Morales contra una derecha que sigue buscando la brújula, nuestra mirada debe ir más allá del cálculo electoralista. Hoy es el momento de cohesionar a los/as revolucionarios/as en torno a ideas claras, organizarlos en estrecha relación con los movimientos sociales y fortaleciendo al Movimiento al Socialismo (MAS)  en tanto instrumento político de esos movimientos.

Twitter @escuelanfp
Rellene el siguiente formulario para suscribirse.
 

Comentarios

Entradas populares de este blog

La despatriarcalización

Por: Julieta Paredes Al igual que el Seguro Universal de Salud (SUS), la despatriarcalización, como nombre para una política pública, tardó mucho, pero llegó. Entonces, en este marzo de luchas de las obreras, es necesario analizar, ¿qué es lo que realmente llegó? Fruto de una serie de movilizaciones de mujeres pertenecientes a las organizaciones sociales del proceso de cambio, se lograron algunas medidas en el Ejecutivo. Fueron movilizaciones que se realizaron a lo largo del año pasado, con encuentros departamentales. Así fue que se logró concretar un listado de demandas que más o menos se repitieron a lo largo de estos años, con algunas interesantes novedades. Entre ellas podemos señalar la exigencia del salario al trabajo doméstico y la necesidad de un espacio en el Gobierno para este sector. Algo así como un Ministerio de las Mujeres, instancia que tenga la jerarquía necesaria para efectuar las tareas que corresponden a la mitad de la población de Bolivia que somos las mu

Pedro Ignacio Muiba, el héroe

Por: Homero Carvalho Oliva En 1975, mi padre, Antonio Carvalho Urey, terminó una investigación iniciada en la década de los sesenta que habría de cambiar la historia nacional. Después de muchas visitas al Archivo Nacional de Bolivia, dirigido en ese entonces por Gunnar Mendoza, extraordinario intelectual e historiador, quien le ayudó a ubicar los folios que habrían de probar toda una hazaña que da testimonio que los indígenas moxeños participaron activamente en la Guerra de la Independencia de nuestro país, al mando del cacique Pedro Ignacio Muiba. Esta investigación se publicó, primero en septiembre de 1975, en un policopiado financiado por la Universidad Técnica del Beni, en un pequeño tiraje de 200 ejemplares y luego en la famosa Biblioteca del Sesquicentenario de Bolivia. Dos años más tarde, en 1977, Antonio publicó el libro titulándolo Pedro Ignacio Muiba, el Héroe y de esa manera se reparó una injusticia histórica. En sus investigaciones, Antonio se basó, entre otros, en

Idiosincrasia e ideología

Por: Félix Tarqui Triguero No son posibles las revoluciones económicas sin las revoluciones culturales porque todos aquellos contenidos que constituyen el fundamento de determinada cosmovisión propia de cada nacionalidad o sociedad pueden ayudar o frenar su avance por ser una manera de pensar de cada agrupación humana, en funcion a su historia y cultura. Así nace la idiosincrasia propia de cada pueblo, sin embargo, se enfrenta a la idiosincrasia forzada o alienante que influye día a día a las grandes masas de la población mundial de manera globalizante, en ese contexto necesitamos ver que Bolivia es un país de molde capitalista y sub desarrollado (empobrecido por la clase dominante que gobernó desde 1825 exceptuando a Antonio José de Sucre, Andrés de Santa C. hasta el 2005), La ideología como el estudio de las ideas es también un proceso de construcción critica, influenciado tan pronto el individuo se encuentra inmerso en las realidades sociales, económicas, culturales