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El fascismo está actuando en Santa Cruz, el gobierno debe investigar

Las casetas del populoso mercado Mutualista en Santa Cruz comenzaron a quemarse la noche de ayer domingo, justamente al día siguiente de que los gremialistas anunciaron que no acatarán el anunciado paro de 48 horas decidido por la Gobernación y el Comité Cívico cruceños, a la cabeza de otras instituciones totalmente controladas por la derecha, como la Universidad Gabriel René Moreno. Aunque se desconocen las causas que originaron este desastre, llamó enormemente la atención que los pocos hidrantes de la zona no tenían agua, por lo que el fuego que inició en algunos puestos pudo extenderse rápidamente. Vanos fueron los esfuerzos de los comerciantes, que trataron de recuperar la mercadería que tenían en sus kioscos, arriesgando sus vidas. Con la llegada de los bomberos y colaboración de los mismos comerciantes se combatió el siniestro; luego, cuando arribó al lugar Luis Fernando Camacho, fue recibido con mucha hostilidad porque varios comerciantes abiertamente lo acusaron de estar detrás

Duele Siria


Por: Mario Iván Paredes Mallea*

Duele Siria, porque sirve de muestra de la indiferencia del mundo, de la inmensidad de los humanos que habitamos el mundo, de la mayoría de los “seres humanos” que viven en este complejo planeta.

Duele Siria, como un cuchillo mortal que atraviesa nuestros corazones; duele su dolor, sus dolores actuales. Pero no es difícil comprender cómo a un país como Siria, le esté tocando un destino como este ¿O será porque es un país como era hasta hace poco, que ahora pasa por las miserias por las que atraviesa?

Duele Siria, duelen sus 250.000 muertes producto de una guerra civil generada por una facción religiosa local y por la voracidad criminal del imperialismo estadounidense y de sus pocos cómplices. Duele ver cómo a millones de humanos les es indiferente su dolor, su generosa sangre derramada, su preciosa sangre humana derramada.

Duele Siria, duelen sus 11 millones de desplazados, deportados, despatriados. Duele observar que pareciera que esos 11 millones de seres humanos al resto de los “humanos” no les duelen ni les importan. 

Duele ver que una cantidad aproximada de personas en Siria a la del total de habitantes de Bolivia estén lejos de sus hogares llevando sólo lo que pueden portar sus cuerpos y sus brazos, pero con algo de esperanza de vida en sus corazones.

Duele Siria, porque sirve de muestra de lo deshumanizados que estamos en este planeta Tierra, de la indiferencia, del desdén, del racismo, de la intolerancia religiosa, del sectarismo religioso, de la estupidez humana que impiden ver las cosas tal como vienen siendo. Duele el velo que tiene el terrícola frente a sus ojos que le impide ver las causas de lo que originan hoy la tragedia Siria.

Duelen los dolores de Siria, pero es un dolor no compartido por todos, quienes están más concentrados y alienados en fútbol, en concursos de “belleza”, en telenovelas, en chismes sin importancia, en fin, en cosas de la vida que degeneran el espíritu y envenenan el alma.


Cómo duele Siria, al comprobar que el Papa se gasta vanamente diciendo que cada parroquia debe albergar a los refugiados sirios y ver que en el país que vivo, Bolivia, en el subcontinente que vivimos Sudamérica, no escuchamos de ninguna parroquia pronunciar nada al respecto. Duele comprender (o no duele, sino reconfirma) que si el Papa es el mismísimo representante de Dios en la Tierra, pareciera que los creyentes no escucharan las palabras del Papa, pues están más ocupados en su Dios don Dinero.

Cómo dueles Siria, cuando vemos que muchos en Europa han perdido por completo aquello que distinguió a la humanidad por miles de años, el sentir, el sentir en lo más profundo de uno mismo el dolor de los demás, como si fuera nuestro. Pero no, no importa, el dolor del otro no importa porque no reditúa ni un centavo.

Siria duele en el alma, porque vemos cómo aquél invento humano, valioso en su tiempo, se está convirtiendo cada vez más en el principal responsable de la idiotización creciente y ampliada de millones de personas; porque observamos que la televisión mata o da vida a quien quiere o a lo que quiere. Si Siria no está en las imágenes de televisión no existe y si existe ahí es tan parcial, tan unilateral que nos muestra lo que le interesa que veamos, y no que veamos las causas de las cosas.

Siria duele en lo más profundo de nuestro ser. Pero abrigamos la esperanza de que, como quiera que fuese y en un tiempo no lejano, derrotemos en batalla a esos intolerantes religiosos y a sus asesinos mentores del imperio norteamericano.
*El autor es socialista comunitario, vive en Santa Cruz

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