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El fascismo está actuando en Santa Cruz, el gobierno debe investigar

Las casetas del populoso mercado Mutualista en Santa Cruz comenzaron a quemarse la noche de ayer domingo, justamente al día siguiente de que los gremialistas anunciaron que no acatarán el anunciado paro de 48 horas decidido por la Gobernación y el Comité Cívico cruceños, a la cabeza de otras instituciones totalmente controladas por la derecha, como la Universidad Gabriel René Moreno. Aunque se desconocen las causas que originaron este desastre, llamó enormemente la atención que los pocos hidrantes de la zona no tenían agua, por lo que el fuego que inició en algunos puestos pudo extenderse rápidamente. Vanos fueron los esfuerzos de los comerciantes, que trataron de recuperar la mercadería que tenían en sus kioscos, arriesgando sus vidas. Con la llegada de los bomberos y colaboración de los mismos comerciantes se combatió el siniestro; luego, cuando arribó al lugar Luis Fernando Camacho, fue recibido con mucha hostilidad porque varios comerciantes abiertamente lo acusaron de estar detrás

De crisis en crisis o la gran fortaleza del capital



Entrevista a Sergio Cámara Izquierdo
¿Cómo caracterizaría la crisis capitalista actual?
SC: En el capitalismo existe una continuidad de los procesos económicos, pero se debe caracterizar no como una continuidad de la crisis de los setenta, sino como una nueva crisis estructural. La crisis de los setenta era una crisis estructural de rentabilidad asociada a la caída tendencial de la tasa de ganancia, que provocó un proceso de reestructuración de las condiciones generales de valorización del capital. Este proceso de reestructuración, que se conoce como neoliberalismo, puso en marcha los mecanismos necesarios para revertir la caída y recuperar la tasa general de ganancia. El neoliberalismo se caracteriza por un fuerte ataque a la clase trabajadora y el deterioro de las condiciones de reproducción de la fuerza de trabajo, por una globalización específica dada por la mayor movilidad de capitales de todo tipo –productivos, mercancías y dinero– a nivel internacional y por lo que se ha llamado financiarización o hegemonía financiera. Evidentemente, todos estos rasgos que han caracterizado a la economía en las últimas décadas, son consecuencia de la crisis estructural de la década de 1970, pero la nueva crisis estructural que estalla en 2008 en Estados Unidos (algunos incluso piensan que el punto de inflexión fue la anterior crisis cíclica en Estados Unidos en 2000-2001) es una crisis estructural nueva, distinta a la anterior. De hecho, es una crisis que podemos considerar de la reestructuración neoliberal, o la crisis del neoliberalismo.
¿Qué particularidades ve en esta crisis? ¿Por qué afectó inicialmente a las economías centrales: Europa, Estados Unidos y Japón?
SC: A diferencia de las crisis de los setenta, esta es una crisis estructural que no está asociada directamente a la caída tendencial de la tasa de ganancia. Es una crisis estructural financiera. Sigue al período neoliberal, que es un período de hegemonía financiera (de las formas no productivas de valorización del capital), y en este sentido se parece más al crack de 1929 y la crisis de los años 30. Sería una crisis del mismo tipo. Se asocia a la sobreacumulación de capital bajo las formas no productivas. En realidad, la lógica que está detrás de la crisis estructural es la misma, es la lógica de la acumulación de capital, pero en este caso está asociada a las formas financieras y no a las formas productivas.
Ahora bien, aunque es una crisis similar a la de los años 30, existen evidentemente importantes diferencias. Una de las más importantes tiene que ver con el uso de la política macroeconómica para la estabilización de los niveles de actividad. En los años 30, cuando estalla la crisis estructural financiera, no existen estos mecanismos de política macroeconómica. Precisamente, es esa crisis la que obliga a generar los mecanismos de estabilización. En esta crisis se han aplicado y se han moderado mucho el impacto de la crisis sobre la economía y por eso no se han visto desplomes de la actividad económica de la misma magnitud.
Con respecto a la segunda parte de la pregunta, esta crisis tiene su origen en las economías centrales y, es más, yo diría que en la economía central hegemónica, en Estados Unidos, y tiene como detonante cíclico el estallido de la burbuja hipotecaria, un sector muy específico. No obstante, la formación de la burbuja hipotecaria se debe relacionar con las características estructurales del neoliberalismo en la economía mundial y de Estados Unidos. Esta crisis, a diferencia de otras crisis financieras que habían tenido lugar en la periferia a lo largo del neoliberalismo (iniciando en México con el “Efecto Tequila” y luego trasladada a Asia, Rusia y otros países de América Latina), se convirtió en una crisis global dados los fuertes vínculos que tienen todos los países del mundo con Estados Unidos y, específicamente, con el sector financiero de ese país. El conjunto de la economía mundial se vio salpicada por los activos financieros tóxicos que perdieron su valor, o tuvieron fuertes presiones para su desvalorización, con el estallido de la burbuja hipotecaria. Igualmente, la escala de la sobreacumulación de capital es mucho mayor en esta crisis que en las crisis financieras precedentes.
¿Cuáles han sido los principales impactos de la crisis actual en las economías latinoamericanas, pensando en particular en la actual fase de enlentecimiento económico y recesión?
SC: El estallido de la crisis en 2008 tuvo un impacto suave o relativamente suave en los países de América Latina y recién en los últimos años ha habido un impacto mucho mayor. Gran parte de las economías latinoamericanas vivieron en la década de 2000 un auge muy importante, que se debe a dos grandes factores: una coyuntura económica internacional favorable basada en los altos precios de las materias primas y otras mercancías de exportación de los países de América Latina, así como en las condiciones de financiamiento externo, lo cual crea condiciones favorables para sus economías; la otra razón fue la emergencia de una serie de gobiernos de izquierda con diferentes posturas, que llevaron importantes procesos de redistribución del ingreso, de disminución de la pobreza y de incremento de los salarios reales. Estas medidas ayudaron a incentivar los procesos de crecimiento económico. Y precisamente creo que es el agotamiento de estos dos grandes factores lo que detona la tardía crisis en América Latina. Por un lado, los precios de las materias primas reanudan su crecimiento poco después de la crisis de 2008 y sólo colapsan hasta bastante después, en 2014, lo que está más relacionado con la desaceleración reciente de la economía de China. En segundo lugar, los procesos de redistribución del ingreso encuentran límites; en algunos casos, debido a procesos inflacionarios dada la rigidez de la oferta agregada y, en otros casos, debido a otro tipo de contradicciones económicas y políticas. En su conjunto, estos dos factores hacen que la crisis estalle en América Latina y que, actualmente, buena parte de las economías del continente se encuentren en recesión y con la necesidad consecuente -que siempre tienen las economías dependientes-, de realizar un ajuste fuerte para poder salir de la crisis.
Ya pasados ocho años desde el estallido de la crisis, y sin señales claras de recuperación, ¿podemos esperar una salida virtuosa que revigorice al capitalismo o más bien entramos en una etapa de crisis permanente?
SC: A pesar de que en el marxismo existe una tendencia a hablar de crisis permanente, estancamiento continuo, etc., son conceptos que no me agradan mucho. En mi opinión, el capitalismo es un modo de producción inherentemente contradictorio, que tiene una tendencia permanente hacia la crisis, pero la reproducción capitalista requiere de la superación de las distintas crisis para la continuidad del proceso económico de acumulación de capital. En todo caso, creo que en la actualidad estamos todavía inmersos en la crisis estructural que empieza en 2008 en Estados Unidos y que se traslada a la economía mundial. Todavía no ha habido una recuperación de la crisis y no se ve una salida virtuosa que pueda revigorizar el capitalismo. Y no se ve, precisamente, por la fortaleza y la resistencia que ha demostrado el capital en su conjunto durante esta crisis. Toda crisis estructural detona grandes presiones hacia la desvalorización del capital, y lo que han demostrado las políticas implementadas para la salida de la crisis, es que el capital tiene una gran fortaleza para resistir esa desvalorización y para trasladar a los trabajadores los costos de la crisis. No obstante, esta fortaleza del capital lo que hace a su vez es limitar o debilitar las posibilidades de salida de la crisis. Creo que todavía hay una gran sobreacumulación de capital, sobre todo en las formas financieras, en el mercado mundial, que está sostenido gracias a las políticas monetarias expansivas que se siguen manteniendo en Estados Unidos, en Europa, en Japón y por parte de casi todos los países centrales. Mientras se siga manteniendo esa burbuja de valor financiero acumulado, es difícil que haya una salida a la crisis. Pero insisto, es precisamente la fortaleza del capital lo que hace que sea más dificultosa esa salida de la crisis y lo que provoca que esta salida haya sido tan costosa y haya recaído en los trabajadores a nivel mundial.
Sergio Cámara es Doctor en Economía y profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco (México).


Entrevista a cargo de Gabriel Oyhantçabal.


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