Ir al contenido principal

El fascismo está actuando en Santa Cruz, el gobierno debe investigar

Las casetas del populoso mercado Mutualista en Santa Cruz comenzaron a quemarse la noche de ayer domingo, justamente al día siguiente de que los gremialistas anunciaron que no acatarán el anunciado paro de 48 horas decidido por la Gobernación y el Comité Cívico cruceños, a la cabeza de otras instituciones totalmente controladas por la derecha, como la Universidad Gabriel René Moreno. Aunque se desconocen las causas que originaron este desastre, llamó enormemente la atención que los pocos hidrantes de la zona no tenían agua, por lo que el fuego que inició en algunos puestos pudo extenderse rápidamente. Vanos fueron los esfuerzos de los comerciantes, que trataron de recuperar la mercadería que tenían en sus kioscos, arriesgando sus vidas. Con la llegada de los bomberos y colaboración de los mismos comerciantes se combatió el siniestro; luego, cuando arribó al lugar Luis Fernando Camacho, fue recibido con mucha hostilidad porque varios comerciantes abiertamente lo acusaron de estar detrás

Fidel Vive

Por: Fernando Martínez Heredia
La noche del 25 de noviembre, sesenta años después de aquella en que salió de Tuxpan al frente de la expedición liberadora, partió otra vez de viaje Fidel Castro.
Tres años antes del Granma había encabezado una acción revolucionaria que sorprendió al país por la audacia, valentía y espíritu de sacrificio de los participantes, y provocó el rechazo a la orgía de crímenes con la que respondió la dictadura que se había implantado en 1952. Pero aquel hecho parecía ir contra lo que se consideraba posible, y ninguna fuerza política lo apoyó.
En la soledad de su celda, más solitaria porque Fidel y sus compañeros estaban prácticamente solos, escribió: “Las masas están listas, solo necesitan que se les muestre el camino verdadero”. Parecía un iluso, pero era un visionario.
Al iniciar la guerra revolucionaria, Fidel abrió la brecha para que lo imposible dejara de serlo y el pueblo se levantara. y le brindó un lugar donde pelear a todo el que quisiera convertir sus ideales en actuación. En junio de 1958, cuando era de vida o muerte que la gran ofensiva enemiga no aplastara a la vanguardia de la Sierra Maestra, le escribió a Celia Sánchez que luchar contra el imperialismo norteamericano iba a convertirse en su destino verdadero.
Otra vez Fidel veía más lejos que nadie, avizoraba, pero ahora con un arma en la mano y una revolución andando.
Honró cumplidamente la promesa implícita en aquellas palabras. La vida entera combatió al imperialismo norteamericano, y supo vencerlo, mantenerlo a raya, obligarlo a reconocer el poder y la grandeza moral de la patria cubana. Pero, sobre todo, enseñó a todos los cubanos a ser antimperialistas, a saber que esa es una condición necesaria para ser cubano, que contra el imperialismo la orden de combatir siempre está dada, que como dijo un día el Che –su compañero del alma—, no se le puede conceder ni un tantito así. Que esa es una constante permanente de la política revolucionaria.
La soberanía nacional es intangible, nos enseñó Fidel, y no se negocia.
A partir del triunfo, la vanguardia se fue convirtiendo en millones, y la explotación del trabajo ajeno, las humillaciones, discriminaciones y desprecios dejaron de ser hechos naturales para convertirse en crímenes. Fidel fue el principal protagonista de la gran revolución socialista, que cambió las vidas, las relaciones sociales, los sueños de la gente y de las familias, las comunidades y la nación. Para lograrlo se convirtió, como para todo lo importante, en el conductor, el educador popular, el líder amado, la pieza maestra del tablero intrincado de la unidad de los revolucionarios y del pueblo.
Hubo que unir en una sola revolución al socialismo y la liberación nacional. Ahora, para todos, la actuación tuvo que consistir, al mismo tiempo, en estudio, trabajo y fusil. Ahora los individuos de vanguardia se elegían en asambleas y el trabajo realizado era el mayor timbre de honor. En las grandes jornadas nos unimos todos. Fidel fue –como cantara el poeta—la mira del fusil, y el pueblo todo –como dijera el Che—se volvió un Maceo. Y a diferencia de los vehículos corrientes, el carro de la Revolución no tiene marcha atrás. Fidel dijo de manera tajante, hace más de veinte años, que en este país no volverá a mandar nunca una nueva clase de ricos.
La nueva y mayor victoria de Fidel fue que el pueblo entero se cambiara a sí mismo y se armara con nuevas cualidades suyas, y la conciencia social confundiera sin temor los nombres de comunista y fidelista. A su sombra, las conquistas se convirtieron en leyes, y las leyes en costumbres.
Un gran historiador peruano, un compañero mariateguista, estaba preocupado por un posible culto a la personalidad de Fidel, pero después que hizo un recorrido por el país me dijo: “Ahora lo he comprendido todo. Fidel es un seudónimo colectivo.”
Fidel fue el mayor impulsor y dirigente del internacionalismo, ese brusco y hermoso crecimiento de las cualidades humanas que le brinda más a quien lo presta que a quien lo recibe. Más allá de las grandes frases –“por Vietnam estamos dispuestos a dar nuestra propia sangre” o “no queremos construir un paraíso en la falda de un volcán”—Fidel amplió y desarrolló en muy alto grado el contenido y el alcance de las prácticas y las ideas revolucionarias mundiales mediante el internacionalismo cubano. Apoyo solidario sin exigencias, combatientes, médicos, maestros, técnicos, ejemplo impar de quienes jamás dieron lo que les sobraba, paradigma revolucionario, con Fidel siempre al frente, audaz y fraterno,
En 2006, ante una enfermedad muy grave, tomó decisiones que nadie le pedía ni quería. Fue más grande aún cuan dejó ser, por voluntad propia, el dirigente máximo del Estado y del Partido, la posición mediante la cual había servido al pueblo durante tantos años. Ya hacía mucho tiempo que su inmenso prestigio había trascendido todas las fronteras.
Entonces Fidel se concedió un poco de lo que se había privado conscientemente desde el inicio de su acción revolucionaria: reflexionar tranquilamente, sin la urgencia y la responsabilidad de decidir y actuar de inmediato. El hombre que tuvo que ser soldado para que hubiera libertad y justicia para todos, y ejercer un poder enorme para que el poder estuviera al servicio del proyecto liberador, ahora se convirtió en soldado de las ideas, mientras seguía entregándole al pueblo el poder de su inconmensurable fuerza moral.
Ahora parece, de momento, que ya no está, porque se ha ido en una expedición más larga, más lejos. Pero me atrevo a afirmar que no se sintió preocupado al partir. Seguramente, afincado en su prodigioso optimismo histórico, Fidel sabía que su pueblo lo tendrá siempre por maestro, junto al maestro suyo, José Martí. Y sabe que, para seguir siempre su magisterio, las hijas y los hijos de este pueblo crearán, como hacía él, arbitrarán soluciones y encontrarán y plantearán bien los nuevos problemas, como hacía él, derrotarán los imposibles, como hacía él, defenderán la justicia y la libertad a cualquier costo, como hacía él, se sentirán parte de la Humanidad que resiste y lucha, como él, y soñarán, como el, el futuro luminoso.
Fidel no ha muerto. No muere, porque lo mantenemos vivo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La despatriarcalización

Por: Julieta Paredes Al igual que el Seguro Universal de Salud (SUS), la despatriarcalización, como nombre para una política pública, tardó mucho, pero llegó. Entonces, en este marzo de luchas de las obreras, es necesario analizar, ¿qué es lo que realmente llegó? Fruto de una serie de movilizaciones de mujeres pertenecientes a las organizaciones sociales del proceso de cambio, se lograron algunas medidas en el Ejecutivo. Fueron movilizaciones que se realizaron a lo largo del año pasado, con encuentros departamentales. Así fue que se logró concretar un listado de demandas que más o menos se repitieron a lo largo de estos años, con algunas interesantes novedades. Entre ellas podemos señalar la exigencia del salario al trabajo doméstico y la necesidad de un espacio en el Gobierno para este sector. Algo así como un Ministerio de las Mujeres, instancia que tenga la jerarquía necesaria para efectuar las tareas que corresponden a la mitad de la población de Bolivia que somos las mu

Pedro Ignacio Muiba, el héroe

Por: Homero Carvalho Oliva En 1975, mi padre, Antonio Carvalho Urey, terminó una investigación iniciada en la década de los sesenta que habría de cambiar la historia nacional. Después de muchas visitas al Archivo Nacional de Bolivia, dirigido en ese entonces por Gunnar Mendoza, extraordinario intelectual e historiador, quien le ayudó a ubicar los folios que habrían de probar toda una hazaña que da testimonio que los indígenas moxeños participaron activamente en la Guerra de la Independencia de nuestro país, al mando del cacique Pedro Ignacio Muiba. Esta investigación se publicó, primero en septiembre de 1975, en un policopiado financiado por la Universidad Técnica del Beni, en un pequeño tiraje de 200 ejemplares y luego en la famosa Biblioteca del Sesquicentenario de Bolivia. Dos años más tarde, en 1977, Antonio publicó el libro titulándolo Pedro Ignacio Muiba, el Héroe y de esa manera se reparó una injusticia histórica. En sus investigaciones, Antonio se basó, entre otros, en

Idiosincrasia e ideología

Por: Félix Tarqui Triguero No son posibles las revoluciones económicas sin las revoluciones culturales porque todos aquellos contenidos que constituyen el fundamento de determinada cosmovisión propia de cada nacionalidad o sociedad pueden ayudar o frenar su avance por ser una manera de pensar de cada agrupación humana, en funcion a su historia y cultura. Así nace la idiosincrasia propia de cada pueblo, sin embargo, se enfrenta a la idiosincrasia forzada o alienante que influye día a día a las grandes masas de la población mundial de manera globalizante, en ese contexto necesitamos ver que Bolivia es un país de molde capitalista y sub desarrollado (empobrecido por la clase dominante que gobernó desde 1825 exceptuando a Antonio José de Sucre, Andrés de Santa C. hasta el 2005), La ideología como el estudio de las ideas es también un proceso de construcción critica, influenciado tan pronto el individuo se encuentra inmerso en las realidades sociales, económicas, culturales