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El fascismo está actuando en Santa Cruz, el gobierno debe investigar

Las casetas del populoso mercado Mutualista en Santa Cruz comenzaron a quemarse la noche de ayer domingo, justamente al día siguiente de que los gremialistas anunciaron que no acatarán el anunciado paro de 48 horas decidido por la Gobernación y el Comité Cívico cruceños, a la cabeza de otras instituciones totalmente controladas por la derecha, como la Universidad Gabriel René Moreno. Aunque se desconocen las causas que originaron este desastre, llamó enormemente la atención que los pocos hidrantes de la zona no tenían agua, por lo que el fuego que inició en algunos puestos pudo extenderse rápidamente. Vanos fueron los esfuerzos de los comerciantes, que trataron de recuperar la mercadería que tenían en sus kioscos, arriesgando sus vidas. Con la llegada de los bomberos y colaboración de los mismos comerciantes se combatió el siniestro; luego, cuando arribó al lugar Luis Fernando Camacho, fue recibido con mucha hostilidad porque varios comerciantes abiertamente lo acusaron de estar detrás

Elefantes negros

Por: Natalia Calderón Angeleri
El ambientalista Adam Sweidan ha creado el concepto de “elefante negro”, un cruce entre dos metáforas: el “elefante en la sala” (un problema que es visible para todos pero que nadie quiere mencionar y mucho menos hacer algo al respecto) y un “cisne negro” (un evento inesperado o improbable con amplias consecuencias e impactos). Desde esta perspectiva, el elefante negro sería un acontecimiento que es perfectamente previsible, pero cuyas causas son ignoradas hasta que sucede y, finalmente, se lo aborda como si se tratase de un cisne negro.
El cambio climático es un clásico ejemplo de elefante negro. La evidencia científica es inequívoca, y la influencia humana en el sistema climático es clara. Sin embargo, aún son muy pocos los esfuerzos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y adaptarnos a los impactos del calentamiento global, es más fácil mirar a otro lado y culpar a la inclemencia de la naturaleza por los impactos perjudiciales causados por la misma humanidad.
El 2016 en Bolivia hemos experimentado una estampida de elefantes negros: la desaparición del lago Poopó; el aumento de los incendios forestales, principalmente en Beni y Santa Cruz; las severas sequías, que en el oriente boliviano dejaron millonarias pérdidas en el sector agrícola, escasez de agua en la ciudad de La Paz, el récord de aumento de la temperatura, entre otros. Todos estos casos fueron tratados como eventos imprevisibles, es decir, como cisnes negros, poniendo en evidencia que, como país, no estamos lidiando con las causas detrás de estos fenómenos en la escala y el sentido de urgencia necesarios.
Actualmente muchos elefantes negros están durmiendo en nuestros bosques y en nuestras ciudades. A pesar de los progresos para incluir la dimensión de cambio climático en la planificación integral del territorio nacional, los esfuerzos para materializar los planes en acciones concretas y el financiamiento para la adaptación a los impactos del cambio climático aún son insuficientes. Asimismo debemos reconocer nuestro rol individual en las causas y en las soluciones de los problemas ambientales de nuestro país.
Una vez que logremos cambiar nuestro pensamiento, encontraremos que muchas soluciones para enfrentar el cambio climático ya han sido diseñadas y están siendo implementadas por personas innovadoras, comunidades campesinas e indígenas, organizaciones de la sociedad civil, gobiernos locales, entre otros. Actuar hoy es la mejor oportunidad que tenemos para revertir la degradación del planeta. Con un cambio en la conciencia y la cooperación entre diferentes actores y diferentes sectores, con un sentido amplio de colaboración, podemos llevar pacíficamente a este elefante negro fuera de la sala.


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