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El fascismo está actuando en Santa Cruz, el gobierno debe investigar

Las casetas del populoso mercado Mutualista en Santa Cruz comenzaron a quemarse la noche de ayer domingo, justamente al día siguiente de que los gremialistas anunciaron que no acatarán el anunciado paro de 48 horas decidido por la Gobernación y el Comité Cívico cruceños, a la cabeza de otras instituciones totalmente controladas por la derecha, como la Universidad Gabriel René Moreno. Aunque se desconocen las causas que originaron este desastre, llamó enormemente la atención que los pocos hidrantes de la zona no tenían agua, por lo que el fuego que inició en algunos puestos pudo extenderse rápidamente. Vanos fueron los esfuerzos de los comerciantes, que trataron de recuperar la mercadería que tenían en sus kioscos, arriesgando sus vidas. Con la llegada de los bomberos y colaboración de los mismos comerciantes se combatió el siniestro; luego, cuando arribó al lugar Luis Fernando Camacho, fue recibido con mucha hostilidad porque varios comerciantes abiertamente lo acusaron de estar detrás

El ataque de la langosta devela la crisis de la agricultura en Bolivia

Por: Miguel Ángel Crespo
La crisis socioambiental y productiva que está viviendo actualmente el país, particularmente el departamento de Santa Cruz, por el ataque de las langostas en los municipios de Cabezas, Charagua, La Guardia y el Torno –que ha llegado a comprometer más de 70.000 hectáreas de cultivos agrícolas y pasturas– no es más que la consecuencia de un sistema  de producción agropecuario basado en la explotación intensiva de los recursos naturales. Esto se refleja en los siguientes aspectos:
1.- La superficie cultivada en nuestro país está basada en un 70% en cultivos industriales destinados fundamentalmente a la exportación. Ello ha redundado en un cambio en  la estructura de la superficie agrícola en los últimos 20 años. Es así que la producción de cereales se ha reducido, desde el año 1985, en más del 12% y la  de tubérculos en un 9%. Las hortalizas que ya tenían una baja producción (6%) se han reducido a un 4%, lo mismo ocurrió con la producción de frutas, que cayó de 6% a 3%. (INE, MDRyT; 2011). Se ve un debilitamiento de la seguridad y soberanía alimentaria de los bolivianos, condenándolos a depender cada vez más de la importación de alimentos. Sin embargo, la producción de oleaginosas y otros cultivos industriales se ha incrementado, en el mismo periodo, de un 14% a un 45% (INE, MDRyT; 2015). 
El único sector favorecido es el agronegocio exportador. Se ha reducido la producción diversificada y regionalizada por una producción agrícola basada fundamentalmente en monocultivos, que demanda un  incremento significativo de las cantidades de agroquímicos utilizadas por hectárea.
2.- El incremento de las importaciones de agroquímicos, que de 25 millones de litros, en 1999, ha llegado a 117 millones de litros, en  2016 (Comercio Exterior/INE; 2016), conformado, en orden de importancia, por los fertilizantes, herbicidas e insecticidas respectivamente. Por lo que de 12 litros/hectárea, utilizados en 1999, se ha incrementado a 36 litros/hectárea en 2015 (INE: 2015). Es decir, que en 16 años se ha triplicado el uso de agroquímicos por cada hectárea cultivada, lo que nos demuestra la crisis de sostenibilidad de la agricultura.
3.- El modelo del agronegocio  que se aplica en el país  se basa en el monocultivo extensivo, el uso de maquinaria y el uso de agroquímicos, que son parte de paquetes tecnológicos, que incluyen semillas transgénicas, como es el caso de la soya. El objetivo de este modelo es producir para exportar a  base de mayores áreas de producción con serios impactos socioambientales y productivos. 
4.- La ampliación de la frontera agrícola se ha incrementado en un 78%, llegando a más de siete millones de hectáreas desmontadas en el país, de las que cinco millones se encuentran en el departamento de Santa Cruz (ABT: Informe de Gestión 2015), afectando el servicio que prestan estos bosques en el control de plagas, como las langostas.
5.- La langosta que está afectando nuestro país es de la especie Schistocerca cancellata, que es una de las 135 especies de "saltamontes” que están confirmadas en Bolivia (SEB, Febrero; 2017). Esta especie es polífaga porque se alimenta de una gran variedad de plantas silvestres, cultivos agrícolas y pastos. Esta especie se encuentra hace décadas en Bolivia, de acuerdo con  investigaciones realizadas por especialistas.
A  base de la información del recorrido de la manga de langostas, es evidente que esta plaga no vino de  Argentina, porque la frontera está a más de 400 kilómetros y se hubiera advertido su ingreso, arrasando con cultivos que se encuentran en el sur de Bolivia, o, en su caso, habríamos tenido la alerta del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) de Argentina sobre su presencia en la frontera. La plaga apareció en el municipio de Cabezas, donde se encuentran asentadas empresas agroindustriales y colonias menonitas que siembran soya, maíz, sorgo y tienen actividad ganadera. 
Es en este escenario que surge la plaga de la langosta en una región como el Chaco, en la que los desmontes, el monocultivo y el uso de agroquímicos han generado las condiciones adecuadas, sumado a esto la desaparición de los depredadores naturales del insecto (aguiluchos, chuuvis, garzas, escarabajos, avispas, hongos entomopatógenos, etcétera.)
Valoramos el esfuerzo que realiza el Servicio de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (Senasag) en coordinación con otras entidades privadas y públicas, porque de lo que se trata es de frenar el avance de dicha plaga. Al respecto,  Productividad Biosfera Medio Ambiente (Probioma),  que trabaja hace más de 20 años en innovaciones tecnológicas de la biodiversidad, como es el control biológico, propuso el uso de biorreguladores a base de dos hongos entomopatógenos,  como la Beauveria bassiana y  Metarhizium anisoplae que, desarrollados hace varios años, han demostrado su efectividad para controlar ninfas, cuando se aplican conjuntamente y en el momento adecuado.
Esta propuesta,  que es una innovación tecnológica nacional, está respaldada por experiencias y estudios recientes de la FAO, Senasa e INTA de Argentina, Corpoica de Colombia y de centros de investigación de México y Brasil, que recomiendan el uso de estos biorreguladores. 
Se ha sugerido la importancia de establecer un programa de monitoreo de las ninfas (primeras etapas de crecimiento de las langostas)  en todas las propiedades de la región, a fin de contar con un sistema de alerta temprana que permita dar respuestas adecuadas y rápidas. Para ello será importante capacitar a los trabajadores y productores en la identificación  y muestreo, a fin de establecer un sistema de monitoreo permanente.
¿Qué podemos concluir entonces? Que la actividad agrícola está en crisis. La aplicación de paquetes tecnológicos de las semillas transgénicas en el cultivo de soya –que no son sinónimo de mayor rendimiento– ha incrementado el uso de herbicidas por la aparición de malezas resistentes. El sistema de producción extensiva y convencional de monocultivos está llevando al desbosque masivo, que acarrea desastres socioambientales y productivos, como el ataque de esta plaga. Lo que está ocurriendo con el ataque de langostas demuestra que este modelo es insostenible social, ambiental y económicamente, y que repercute en la biodiversidad, los suelos, el agua, la salud humana y hasta en la productividad. 
Por otra parte, esta crisis generada por las langostas demuestra la debilidad del Estado en todos sus niveles, incluyendo el sector académico y los centros de investigación, que no tienen políticas, y medidas de prevención y control. No estamos preparados para estas contingencias. 
Es también paradójico que siendo Bolivia uno de los 12 países más ricos en biodiversidad del planeta, el Estado no  tenga  la voluntad política para generar investigaciones e innovaciones tecnológicas que promuevan el desarrollo sustentable, así como la generación de industrias y empleos relacionados con el uso sustentable de la biodiversidad. Esta debilidad se refleja en que seguimos subordinados a los paquetes tecnológicos de las transnacionales que no resuelven el problema del desarrollo, sino que los agravan.    
El autor es  director de Probioma
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