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El fascismo está actuando en Santa Cruz, el gobierno debe investigar

Las casetas del populoso mercado Mutualista en Santa Cruz comenzaron a quemarse la noche de ayer domingo, justamente al día siguiente de que los gremialistas anunciaron que no acatarán el anunciado paro de 48 horas decidido por la Gobernación y el Comité Cívico cruceños, a la cabeza de otras instituciones totalmente controladas por la derecha, como la Universidad Gabriel René Moreno. Aunque se desconocen las causas que originaron este desastre, llamó enormemente la atención que los pocos hidrantes de la zona no tenían agua, por lo que el fuego que inició en algunos puestos pudo extenderse rápidamente. Vanos fueron los esfuerzos de los comerciantes, que trataron de recuperar la mercadería que tenían en sus kioscos, arriesgando sus vidas. Con la llegada de los bomberos y colaboración de los mismos comerciantes se combatió el siniestro; luego, cuando arribó al lugar Luis Fernando Camacho, fue recibido con mucha hostilidad porque varios comerciantes abiertamente lo acusaron de estar detrás

14 de febrero de 1879: una invasión disfrazada de guerra



Por: Héctor Arze
Chile inició su política expansionista a costa de Bolivia, con la ley que su Congreso dictó el 31 de octubre de 1842, declarando propiedad nacional las guaneras "del desierto de Atacama e islas adyacentes”, ubicadas en territorio boliviano. De esta manera las incursiones ilegales de empresas y ciudadanos se incrementaron a fin de ocupar fácticamente el  Litoral  boliviano, que en aquel entonces tenía escasa población y autoridades  bolivianas. 
El Gobierno de Chile nunca ocultó su ambición por las riquezas de Bolivia; Querejazu Calvo, citando una carta de la época que se encuentra en los Archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Reino Unido, comprueba que "El asunto Mejillones está a la orden del día en Chile.
Su riqueza tiene deslumbrado a todo el país. La prensa no se ocupa de otra cosa”.
Bolivia y Chile suscribieron dos tratados de límites reconociendo la titularidad boliviana sobre nuestros territorios. El primero, de 10 de agosto de 1866, fijaba la frontera en el paralelo 24° y establecía una inconveniente y perjudicial medianería entre ambas naciones para la explotación de recursos entre los paralelos 23° y 25°, frontera confirmada luego por el Tratado del 6 de agosto de 1874 y que dio derechos de explotación a Chile hasta el  paralelo  23°, y la decisión de no establecer nuevos impuestos a los capitales chilenos por 25 años. Al año siguiente también se firmó un protocolo que estableció el arbitraje como medio para la solución de cualquier controversia. No obstante, Chile emprendió una carrera armamentista que para 1874 le permitió obtener la supremacía naval en el Pacífico gracias a la compra de los blindados Cochrane y Blanco Encalada.
Desafortunadamente, en  1877  Bolivia sufrió, primero, un  terremoto  y maremoto de gran magnitud y, luego, una sequía que obligaron al Gobierno boliviano a solicitar a  la  empresa  Compañía  de   Salitres y Ferrocarril de Antofagasta el pago de una contribución de 10 centavos por  cada  quintal  de  salitre  exportado  para poder contar con recursos que ayuden a palear estos desastres.  Gracias a esta trágica situación, La Moneda encontró la excusa perfecta para ejecutar su planificada invasión a Bolivia, pese a que Bolivia solicitó y tramitó el arbitraje acordado.
Pruebas claras de este acto de invasión premeditada son que en 1879 la Oficina Hidrográfica de Santiago publicó mapas detallados de la costa boliviana, entre ellos el texto Geografía Náutica de Bolivia,  del capitán Ramón Vidal. Sobre estos mapas, el historiador chileno Diego Barros señalaba ya en 1880 que: "Fueron impresos en un considerable número de ejemplares, y distribuidos en el ejército y la escuadra para que cada oficial, conociera de antemano y con bastante exactitud las condiciones del terreno”, al punto que "el ejército chileno conocía el país invadido mejor aún que los soldados que lo defendían”. Otro hecho aún más evidente de los aprestos de invasión fue que desde enero de 1879, el acorazado chileno Blanco Encalada se encontraba en aguas bolivianas al frente del puerto de Antofagasta, esperando la orden de invasión final.
De esta forma la mesa estuvo servida para que la Moneda invada arbitraria e injustificadamente a Bolivia y posteriormente a Perú, lo que efectivamente ocurrió el 14 de febrero de 1879, cuando los blindados chilenos Cochrane, O’Higgins y Blanco Encalada comenzaron a realizar sus disparos de amedrentamiento, tras lo cual se produjo el desembarco. Las palabras del prefecto boliviano Zapata dan certeza de este hecho consumado quien, cuando se le requirió la rendición señaló: "No tengo fuerzas con qué contrarrestar a tres vapores blindados de Chile, pero no abandonaré este puesto, sino cuando se consuma la invasión”. Tras casi dos meses de ocupación militar, recién el 3 de abril de 1879 el Congreso de Chile emitió la declaratoria de guerra contra Bolivia, promulgada al día siguiente y comunicada a Bolivia el 5 del mismo mes.

A pesar que aún algunos historiadores chilenos persisten en negar las pruebas de esta invasión, Bolivia ha logrado que la Corte Internacional de Justicia, en su histórico fallo del 24 de septiembre de 2015, establezca que "Chile declaró la guerra a Perú y Bolivia, conocida como la Guerra del Pacífico” y que en curso de este acto hostil Chile "ocupó la costa territorial boliviana”.
Twitter: @escuelanfp


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