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El fascismo está actuando en Santa Cruz, el gobierno debe investigar

Las casetas del populoso mercado Mutualista en Santa Cruz comenzaron a quemarse la noche de ayer domingo, justamente al día siguiente de que los gremialistas anunciaron que no acatarán el anunciado paro de 48 horas decidido por la Gobernación y el Comité Cívico cruceños, a la cabeza de otras instituciones totalmente controladas por la derecha, como la Universidad Gabriel René Moreno. Aunque se desconocen las causas que originaron este desastre, llamó enormemente la atención que los pocos hidrantes de la zona no tenían agua, por lo que el fuego que inició en algunos puestos pudo extenderse rápidamente. Vanos fueron los esfuerzos de los comerciantes, que trataron de recuperar la mercadería que tenían en sus kioscos, arriesgando sus vidas. Con la llegada de los bomberos y colaboración de los mismos comerciantes se combatió el siniestro; luego, cuando arribó al lugar Luis Fernando Camacho, fue recibido con mucha hostilidad porque varios comerciantes abiertamente lo acusaron de estar detrás

El día de la dignidad de cada uno

                                 
                 
Por: Freddy Morales

Don Antonio Miranda, periodista y amigo, cada primero de mayo engrosaba las filas de las marchas en homenaje al Día Internacional del Trabajo. “Es mi día, así sea solo, así no convoquen nuestras organizaciones sindicales del gremio, yo marcho. Es mi día”, repetía con orgullo. Don Antonio tiene razón, el trabajo dignifica. Tal vez el 1 de mayo sea una especie de homenaje a la dignidad de todo aquel que, con una fuente de empleo, tiene la posibilidad de ganarse la vida dignamente. De ahí se desprenden y dependen vivienda, educación, seguro de salud y la posibilidad de una futura jubilación.

Es terrorífico imaginarse sin empleo. Llegar a fin de mes sin que nadie te deba nada y tú tengas deudas con medio mundo. Sin la perspectiva de que en unos días podrás cobrar. Tal vez por eso no deja de sorprender la capacidad de imaginación que tienen las personas de hacer lo que sea, legal, para sobrevivir si no hay un empleo estable. Los técnicos le llaman informalidad.

Ese derecho, al trabajo, lamentablemente, está regado de piedras. Cada vez es más difícil alcanzarlo. Los viejos estorban porque deben dar paso a los jóvenes; a los jóvenes se les exige cinco años mínimos de experiencia para optar a un primer empleo; a todos se les exige militancia partidaria y aporte voluntario para poder trabajar en institución pública. Si se es mujer las exigencias pueden aumentar un poco más.

Y por si fuese poco, la tecnología constituye una nueva amenaza. Los informes periodísticos dicen, por ejemplo, que la agencia de noticias AP ya redacta información económica mediante computadoras, y que la empresa Amazon, de ventas por internet, hace envíos a sus clientes del área rural de Estados Unidos mediante drones. En la industria automotriz la robotización ha dejado en la calle a miles de obreros en los últimos años.

Un informe de la Universidad de Oxford dice que cerca del 47% de los trabajos que se realizan actualmente en Estados Unidos son susceptibles de ser sustituidos por robots. De entre 702 ocupaciones estudiadas, las más susceptibles son las del transporte de mercancías, comercio, oficinas y fábricas.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha calculado que desde 2008 se han destruido cerca de 61 millones de empleos, y hasta 2019 más de 210 millones carecerán de empleo. Este año, la Foxconn de Taiwán anunció el reemplazo de 60.000 empleados por robots, y su meta es llegar a emplear a un millón… de robots. Solo Google destina cerca 10.000 de dólares en investigación y desarrollo tecnológico para la automatización, que significa prescindir de humanos en el trabajo.
Las grandes olas migratorias, la expulsión silenciosa de la población latinoamericana, así como las estruendosas, con miles de muertos en África y en Oriente Medio, hacia países ricos son caravanas contra el hambre, contra la falta de empleo.

Este panorama era inimaginable en las épocas en que Don Toñito Miranda marchaba orgulloso por el centro de La Paz festejando su primero de mayo como trabajador del periódico Presencia. Quienes tenemos un empleo, ahora, tenemos muchos más motivos para responder ¡viva!, cuando alguien grite desde las filas sindicales ¡Viva el primero de mayo!

* es periodista.

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