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El fascismo está actuando en Santa Cruz, el gobierno debe investigar

Las casetas del populoso mercado Mutualista en Santa Cruz comenzaron a quemarse la noche de ayer domingo, justamente al día siguiente de que los gremialistas anunciaron que no acatarán el anunciado paro de 48 horas decidido por la Gobernación y el Comité Cívico cruceños, a la cabeza de otras instituciones totalmente controladas por la derecha, como la Universidad Gabriel René Moreno. Aunque se desconocen las causas que originaron este desastre, llamó enormemente la atención que los pocos hidrantes de la zona no tenían agua, por lo que el fuego que inició en algunos puestos pudo extenderse rápidamente. Vanos fueron los esfuerzos de los comerciantes, que trataron de recuperar la mercadería que tenían en sus kioscos, arriesgando sus vidas. Con la llegada de los bomberos y colaboración de los mismos comerciantes se combatió el siniestro; luego, cuando arribó al lugar Luis Fernando Camacho, fue recibido con mucha hostilidad porque varios comerciantes abiertamente lo acusaron de estar detrás

Odiosa comparación

Por: Lucía Sauma
En el Indice Mundial de Innovación 2017, Bolivia ocupa el puesto 106 entre 130 países. Resignadamente podríamos decir que felizmente no somos los últimos; que es nuestro sino, nuestro karma. Los parámetros en los que se basaron para medir la innovación en estos países fueron el capital humano y la investigación, las infraestructuras, las relaciones, la creación de conocimiento y la creatividad. ¿Qué países encabezan la lista? En la respuesta no hay ninguna innovación. La lista está liderada por Suiza, continúan Suecia, los Países Bajos, Estados Unidos, Reino Unido, Dinamarca, Singapur y Finlandia.
Tampoco hay sorpresa entre los países que están en la cola de la lista: Yemen, país que desde hace dos años está en guerra y donde esta semana llegaron a 1.100 los muertos por cólera, la mitad de ellos niños. Guinea Ecuatorial, el tercer país productor de petróleo del África subsahariana, donde la corrupción de sus gobernantes ha dejado a la gente sin salud ni educación. El hijo del Presidente de Guinea Ecuatorial y vicepresidente del país, Teodoro Nguema Obiang Mangue (conocido como Teodorin), se apropió de unos 117 millones de dólares de fondos públicos. Otro de los países de la cola es Nigeria, donde campea la violencia impuesta por Boko Haram y donde hace dos días Naciones Unidas anunció que suspenderá la ayuda a 400.000 personas que sufren hambre por falta de fondos.
Las instituciones que realizan esta medición forman parte de los países que encabezan la lista de innovación. Ellos deciden qué consideran innovador; qué conocimiento es el válido; qué investigación sirve; cuáles son las relaciones correctas y cuáles las inútiles; qué conocimiento es legítimo y cuál considera que es desechable. Según esas medidas, las naciones que estamos en la cola siempre estaremos al final, porque tenemos otras necesidades más urgentes, la sobrevivencia, la lucha contra la pobreza; lo que no nos permite medirnos con sus parámetros. Tampoco podemos equiparar su conocimiento con el nuestro, porque somos de culturas diferentes. El eurocentrismo impuesto en el mundo nos deja a la zaga.
Y peor aún para los países de África, donde el saqueo y la esclavitud, organizados por las naciones que encabezan la lista de innovación, han dejado secuelas demasiado profundas. Donde los conflictos internos, las guerras y la corrupción quiebran cualquier avance. Fueron condenados al olvido y a la indiferencia por parte del resto del mundo. Sus millones de muertos de hambre son parte del paisaje.
Esta lista de innovación es solo el reflejo de la desigualdad en la que vive el mundo. Unos solo deben ocuparse de ser creativos, inventando para hacerse más ricos; mientras la mayoría debe emplear toda su creatividad para sobrevivir. No hay posibilidad de comparar mientras la balanza sea tan desigual.

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