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El fascismo está actuando en Santa Cruz, el gobierno debe investigar

Las casetas del populoso mercado Mutualista en Santa Cruz comenzaron a quemarse la noche de ayer domingo, justamente al día siguiente de que los gremialistas anunciaron que no acatarán el anunciado paro de 48 horas decidido por la Gobernación y el Comité Cívico cruceños, a la cabeza de otras instituciones totalmente controladas por la derecha, como la Universidad Gabriel René Moreno. Aunque se desconocen las causas que originaron este desastre, llamó enormemente la atención que los pocos hidrantes de la zona no tenían agua, por lo que el fuego que inició en algunos puestos pudo extenderse rápidamente. Vanos fueron los esfuerzos de los comerciantes, que trataron de recuperar la mercadería que tenían en sus kioscos, arriesgando sus vidas. Con la llegada de los bomberos y colaboración de los mismos comerciantes se combatió el siniestro; luego, cuando arribó al lugar Luis Fernando Camacho, fue recibido con mucha hostilidad porque varios comerciantes abiertamente lo acusaron de estar detrás

Democracia

Grandes porciones de la población aprendieron a vivir en el desamparo del Estado, siendo testigos de cómo la “clase política” descubría que los principios son descartables a la hora de medrar de la cosa pública. Ese modo de gobernar, conocido como “democracia pactada” , terminó luego de las violentas jornadas de octubre de 2003.
Puede ser por el número de años transcurridos o por la creciente polarización que se vive en torno al debate político, pero lo cierto es que este martes en varias ciudades del país se recordará el “Día de la democracia” con más fervor que en las últimas tres décadas. Y está bien que así sea, pues al margen del signo ideológico que cada quien porta, lo verdaderamente importante es manifestarse en favor del sistema de gobierno que mejor se adapta a las expectativas de la población y, sobre todo, el único que verdaderamente puede albergar a todas las tendencias, creencias y militancias.
No cabe duda de que, en las tres décadas y media transcurridas, desde aquella tarde en que una multitud que no se veía desde hacía muchos años recibió en la Plaza de San Francisco a Hernán Siles Zuazo, mucha agua ha pasado debajo del puente, pero sobre todo ha madurado mucho el espíritu democrático de la población.
Tras el fracaso de ese primer gobierno desde la recuperación de la democracia, auspiciado, irónicamente, por el vicepresidente -Jaime Paz Zamora- y los partidos con representación parlamentaria de entonces, el neoliberalismo y los dictados del Consenso de Washington transformaron el Estado, modernizando mucho la administración, pero también achicando su responsabilidad para dejar las tareas propias del desarrollo en manos de los sectores privados, nacionales y extranjeros.
Así, grandes porciones de la población aprendieron a vivir en el desamparo del Estado, siendo testigos de cómo la “clase política” descubría que los principios son descartables a la hora de medrar de la cosa pública. Ese modo de gobernar, conocido como “democracia pactada” (pues el gobernante era elegido por la voluntad de los jefes de partido y no por la votación popular), terminó luego de las violentas jornadas de octubre de 2003.
En 2006, por primera vez en la historia, un presidente fue electo con la mayoría absoluta de los votos, iniciándose un periodo que, si bien no estuvo exento de tensión y violencia políticas, poco a poco fue afianzándose hasta lograr una estabilidad, sobre todo económica, de la que aún hoy puede disfrutarse. En lo estrictamente político, la situación no se ve tan clara, sobre todo por la ausencia de un líder que sea capaz de galvanizar las tendencias opositoras.
Es día, pues, de celebrar en primer lugar el hecho de que el país goza de democracia, y que es merced a esta condición que cualquier movilización opositora puede tener lugar sin temor a la represión, que tanta sangre y tantas vidas se cobró entre 1964 y 1982.

Publicado en la Editorial del Periódico La Razón, 10 de Octubre de 2017.

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