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El fascismo está actuando en Santa Cruz, el gobierno debe investigar

Las casetas del populoso mercado Mutualista en Santa Cruz comenzaron a quemarse la noche de ayer domingo, justamente al día siguiente de que los gremialistas anunciaron que no acatarán el anunciado paro de 48 horas decidido por la Gobernación y el Comité Cívico cruceños, a la cabeza de otras instituciones totalmente controladas por la derecha, como la Universidad Gabriel René Moreno. Aunque se desconocen las causas que originaron este desastre, llamó enormemente la atención que los pocos hidrantes de la zona no tenían agua, por lo que el fuego que inició en algunos puestos pudo extenderse rápidamente. Vanos fueron los esfuerzos de los comerciantes, que trataron de recuperar la mercadería que tenían en sus kioscos, arriesgando sus vidas. Con la llegada de los bomberos y colaboración de los mismos comerciantes se combatió el siniestro; luego, cuando arribó al lugar Luis Fernando Camacho, fue recibido con mucha hostilidad porque varios comerciantes abiertamente lo acusaron de estar detrás

Régimen de excepción y superexplotación del trabajo

Por: Emir Sader
A medida que los trabajadores fueron logrando disminuir la duración de la jornada de trabajo, los grandes empresarios fueron implementando métodos nuevos de explotación de la fuerza de trabajo. Como no podían disponer de los trabajadores por tantas horas, han tenido que implementar la productividad del trabajo, la utilización de la mano de obra de manera más intensa, para mantener e incluso extender la extracción del excedente.
En el centro del capitalismo ese mecanismo ha permitido un gran ciclo de desarrollo económico, que ha combinado expansión e integración de amplios sectores de la clase trabajadora. Mientras que, en la periferia, los mecanismos han sido otros.
Llegando retrasada al mercado internacional, las burguesías periféricas han intensificado la explotación de la clase obrera para lograr condiciones competitivas en el plan internacional, que les permitiera encontrar espacios en ese mercado. De ahí que los mecanismos de superexplotacion se hayan desarrollado tan ampliamente en la periferia.
La categoría de superexplotacion del trabajo es parte inherente de la teoría marxista de la dependencia, elaborada por Ruy Mauro Marini, el gran intelectual brasileño, que ha vivido y producido prácticamente toda su obra en el exilio, en Chile y en México, siempre asociada a la militancia política, en Brasil en la organización Política Obrera (Polop), en los otros países en el MIR chileno. Su obra articula una concepción de cómo en la periferia se combinan la dependencia externa con las condiciones específicas de la lucha de clases, particularmente de la extracción del excedente.
Es solo en ese marco teórico que se puede comprender a cabalidad el significado y el lugar de la superexplotación del trabajo. Se trata de formas agregadas de explotación, de extensión de la jornada y de intensificación de la explotación que, combinadas, generan mecanismos que elevan la explotación muy por encima de las condiciones normales, estructurales de extracción de la plusvalía.
Esos mecanismos, a su vez, bloquean cualquier posibilidad de expansión del mercado interno de consumo popular, porque se remunera a los trabajadores por debajo de sus necesidades básicas. De ahí que los modelos de acumulación en la periferia dependan de las altas esferas de consumo del mercado y de exportación.
La superexplotación requiere, a su vez, condiciones políticas para que se efectivice. En Brasil, fue indispensable el “bloqueo salarial” (arrocho salarial), para que se diera el “milagro económico” durante la dictadura militar. Fue el santo del milagro económico. La dictadura combinó así la represión política con la superexplotación de los trabajadores.
Las restauraciones neoliberales en países como Argentina y Brasil concentran gran parte del accionar de los gobiernos en generar las condiciones de elevar la explotación de los trabajadores. La “reforma laboral” brasileña es el mejor ejemplo de la imposición de condiciones salvajes a los trabajadores, que incluyen, entre otras, medidas como reducir a menos de una hora el horario de almuerzo, permitir que mujeres embarazadas o que amamantan a sus hijos, trabajen en condiciones insalubres. Prácticamente son abolidos los derechos elementales de los trabajadores, incluyendo la duración de la jornada de trabajo, el salario mínimo, que tienen que ser discutidos en cada campana salarial. Se impone, como dicen cínicamente sus promotores, lo discutido sobre lo legislado, esto es, si el nivel de desempleo y la correlación de fuerzas en que se dan las negociaciones permiten, no hay límite para que se impongan las condiciones más salvajes de explotación de los trabajadores.
Los regímenes de excepción, en los que el poder Judicial ya no es garante del Estado de derecho, en los que gobiernan los banqueros, en los que se impone la tercerización de las relaciones de trabajo, en los que se retira las defensas de los sindicatos para defender las conquistas de los trabajadores, en los que se impone el Estado mínimo, con la centralidad del mercado, son el mejor escenario político para que la superexplotacion de los trabajadores se imponga.
Hasta hace unas pocas décadas, la sociología del trabajo era una de las especializaciones más prestigiadas y buscadas en el campo de las ciencias sociales. Después de las críticas a la excesiva “centralidad del trabajo”, se ha pasado al polo opuesto, en el que pareciera que las actividades del trabajo son unas entre tantas otras, y no más la actividad esencial que ocupa la mayor parte del tiempo de la gran mayoría de las personas en el mundo.
Hay que rescatar la importancia de las relaciones de trabajo, en un mundo en que, más que nunca, las mayoría aplastante de la humanidad vive del trabajo, por más diferenciadas que sean esas actividades. Que esa gran mayoría vive del trabajo y para el trabajo. La teoría marxista de la dependencia de Ruy Mauro Marini es el mejor marco teórico para ese indispensable rescate.
- Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).


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