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El fascismo está actuando en Santa Cruz, el gobierno debe investigar

Las casetas del populoso mercado Mutualista en Santa Cruz comenzaron a quemarse la noche de ayer domingo, justamente al día siguiente de que los gremialistas anunciaron que no acatarán el anunciado paro de 48 horas decidido por la Gobernación y el Comité Cívico cruceños, a la cabeza de otras instituciones totalmente controladas por la derecha, como la Universidad Gabriel René Moreno. Aunque se desconocen las causas que originaron este desastre, llamó enormemente la atención que los pocos hidrantes de la zona no tenían agua, por lo que el fuego que inició en algunos puestos pudo extenderse rápidamente. Vanos fueron los esfuerzos de los comerciantes, que trataron de recuperar la mercadería que tenían en sus kioscos, arriesgando sus vidas. Con la llegada de los bomberos y colaboración de los mismos comerciantes se combatió el siniestro; luego, cuando arribó al lugar Luis Fernando Camacho, fue recibido con mucha hostilidad porque varios comerciantes abiertamente lo acusaron de estar detrás

Con mis hijos…


Por: Lourdes Montero
La semana pasada recibí una interesante invitación: el colectivo “Con mis hijos no te metas” me citaba a la primera reunión del proyecto para Bolivia, a realizarse en los salones de un chic hotel del centro de la ciudad. La convocatoria era clara: “Nuestro propósito es hacer escuchar nuestra voz en contra de todas las políticas públicas que atenten contra el Diseño Natural (con mayúsculas) que Dios dispuso para la familia”. La invitación, muy bien diseñada, dividía el espacio en un celeste y un rosado claramente diferenciados.
Mientras seguía pensando a qué se referían con “Diseño Natural”, me puse a indagar sobre este novedoso movimiento. Resulta que el colectivo “Con mis hijos no te metas” es una plataforma que nace en Perú, allá por 2016, buscando frenar las políticas educativas del Gobierno en su implementación de lo que denominan la “ideología de género”. En un extenso artículo del Diario Uno se puede leer que “la ideología de género es parte de una conspiración por parte del Nuevo orden mundial para homosexualizar al país, provocar desestabilidad en el núcleo familiar y volver a los individuos seres obedientes del Gobierno”.
Y cuando uno cree ya haberlo escuchado todo, este colectivo continúa denunciando que “Detrás de las oscuras pretensiones de dominio del perverso Orden Mundial, anidan los intereses de los dueños de las industrias del aborto y del cambio de sexo, que han convertido la venta de hormonas químicas, de píldoras anti-conceptivas y medicinas contra el cáncer que producen las relaciones sexuales antinaturales en negocio seguro” (sic).
En el contexto de esa penosa campaña del vecino país, acertadamente la ministra de Educación de Perú, Marilú Martens, aseguró que “la homosexualidad no se enseña, pero sí se puede aprender la homofobia”, al referirse a este colectivo religioso fundamentalista que se disfraza de movimiento ciudadano. En referencia a su intento de crear una plataforma en Bolivia, me permito prevenirlos con algunas aclaraciones.
Bolivia es un país laico y uno de los pocos países del mundo que constitucionalmente prohíbe toda discriminación fundada en la orientación sexual o la identidad de género. Explícitamente sanciona como delito de orden público toda forma de discriminación fundada en razón de sexo, orientación sexual e identidad de género. Así, en este país, estar en contra de los derechos LGBT no es una cuestión de opinión, sino de ejercicio de derechos. Hemos comprendido que no podemos, a título de credo personal, legitimar una sociedad donde existan personas de segunda categoría.
Quiero recordarles además que desde hace más de 50 años las mujeres bolivianas venimos luchando contra una sociedad machista, patriarcal y heteronormativa que, basando su comprensión de la vida en los “roles naturales del sexo”, le cuesta la vida a más de 100 mujeres cada año, y cerca de 40.000 hechos de violencia doméstica registrada. Comprendemos, por tanto, que el género no es una ideología, sino una categoría analítica como la clase o la adscripción étnica; que incluso va quedando corta para describir el abuso de poder de algunos hombres basados en el convencimiento de su superioridad. Si quieren referirse a la ideología como “un conjunto de ideas que enmarcan nuestra relación con el mundo”, entonces con gusto podemos hablar de la ideología feminista y sus propuestas de igualdad para todos y todas.
“Con mis hijos no te metas” en realidad demanda que la educación de los niños sea un asunto privado, esgrimiendo desde las familias el derecho de educar a sus hijos a su imagen y semejanza. Olvidamos con esto que los hijos no pertenecen a sus padres y la educación de los ciudadanos es siempre un asunto público; y en esa formación debemos transmitirles los valores y principios acordados por todos en la Constitución Política del Estado.

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