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El fascismo está actuando en Santa Cruz, el gobierno debe investigar

Las casetas del populoso mercado Mutualista en Santa Cruz comenzaron a quemarse la noche de ayer domingo, justamente al día siguiente de que los gremialistas anunciaron que no acatarán el anunciado paro de 48 horas decidido por la Gobernación y el Comité Cívico cruceños, a la cabeza de otras instituciones totalmente controladas por la derecha, como la Universidad Gabriel René Moreno. Aunque se desconocen las causas que originaron este desastre, llamó enormemente la atención que los pocos hidrantes de la zona no tenían agua, por lo que el fuego que inició en algunos puestos pudo extenderse rápidamente. Vanos fueron los esfuerzos de los comerciantes, que trataron de recuperar la mercadería que tenían en sus kioscos, arriesgando sus vidas. Con la llegada de los bomberos y colaboración de los mismos comerciantes se combatió el siniestro; luego, cuando arribó al lugar Luis Fernando Camacho, fue recibido con mucha hostilidad porque varios comerciantes abiertamente lo acusaron de estar detrás

Foucault


Por: Farit Rojas T. 

Hacer un resumen del pensamiento de Foucault es imposible. Todo intento está destinado al fracaso, porque Foucault nunca estaba aquí o allá, como para definirlo, nunca terminaba sus investigaciones como las había anunciado, nunca tuvo problemas en contradecirse. Alguna vez dijo que nuestra sociedad es panóptica, luego dijo que el panoptismo había fracasado. Jugaba justamente a la indefinición, jugaba a fluir sin dejar opción a calificarlo, encasillarlo, situarlo o resumirlo. 

Él mismo bromeaba con todos aquellos que trataban de caracterizarlo. En una entrevista señaló: “Creo haber sido localizado una tras otra, y a veces simultáneamente, en la mayoría de las casillas del tablero político: anarquista, izquierdista, marxista ruidoso u oculto, nihilista, antimarxista explícito o escondido, tecnócrata al servicio del ‘gaullismo’, neoliberal. Un profesor americano se lamentaba que se invitara a los Estados Unidos a un criptomarxista como yo, y fui denunciado en la prensa de los países del Este como cómplice de la disidencia. Ninguna de estas características es por sí misma importante; su conjunto, por el contrario, tiene sentido. Y debo reconocer que esta significación no me viene demasiado mal”. 

Foucault nos enseñó que nunca hay que dar nada por definitivo pues cuando nos empezamos a instalar cómodamente en la seguridad de una verdad, clara, segura y evidente, es en ese momento en el que nuestra capacidad de pensar corre mayor peligro. No pensar supone tener certezas, pues lo propio del pensamiento vivo es cambiar de pensamiento. Las personas tienden a abrazar una verdad cuando se cansan de pensar. 

Esta invitación a pensar, a tomar los saberes como cajas de herramientas, es lo que lo llevó varias veces a cambiar de proyectos. Anunció una colección de libros llamados Historia de la sexualidad de nueve tomos y luego culminó presentando solo tres, aunque hace poco un cuarto volumen que estaba inédito salió a la luz bajo el título Las confesiones de la carne. 

Justamente la proliferación de las obras de Foucault los últimos años confirman esta imposibilidad de catalogarlo. Los cursos de Foucault se publican cada año en traducciones a cargo del Fondo de Cultura Económica o de la editorial Akal. La editorial Paidós tiene una colección denominada Foucault, obras esenciales, y hace un par de años la editorial siglo XXI, bajo la coordinación de Edgardo Castro, presenta cada año cursos, entrevistas y algunos textos inéditos de Foucault, hace poco salió a la venta en las librerías ¿Qué es la crítica?, un curso en la Sorbona de 1978. Y no mencionamos a otras editoriales que publican inéditos de Foucault, cada vez más extraños e inclasificables. Por ello es imposible resumirlo. Solo nos queda leerlo y pensar con él. 

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