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El fascismo está actuando en Santa Cruz, el gobierno debe investigar

Las casetas del populoso mercado Mutualista en Santa Cruz comenzaron a quemarse la noche de ayer domingo, justamente al día siguiente de que los gremialistas anunciaron que no acatarán el anunciado paro de 48 horas decidido por la Gobernación y el Comité Cívico cruceños, a la cabeza de otras instituciones totalmente controladas por la derecha, como la Universidad Gabriel René Moreno. Aunque se desconocen las causas que originaron este desastre, llamó enormemente la atención que los pocos hidrantes de la zona no tenían agua, por lo que el fuego que inició en algunos puestos pudo extenderse rápidamente. Vanos fueron los esfuerzos de los comerciantes, que trataron de recuperar la mercadería que tenían en sus kioscos, arriesgando sus vidas. Con la llegada de los bomberos y colaboración de los mismos comerciantes se combatió el siniestro; luego, cuando arribó al lugar Luis Fernando Camacho, fue recibido con mucha hostilidad porque varios comerciantes abiertamente lo acusaron de estar detrás

Cancillería y la “nobleza de Estado”


Por: Carla Espósito Guevara
Si hay algo que tuvo el movimiento político desplegado entre el 2003 y el 2005, fue un poder irruptivo en relación a uno de los núcleos más duros de la política señorial en Bolivia que estaba concentrada en Cancillería. Este movimiento interrumpió la continuidad de los grupos clánicos, familiares y de clase que históricamente manejaron la política exterior.

La respuesta de los sectores que perdieron el control de esta institución fue un interminable lamento por la carrera diplomática, es decir, la que ellos habían constituido como mecanismo para perpetuar su poder de clase en el Estado o “la nobleza del Estado”, como diría Bourdieu.

La Canciller Longaric fue parte de esos grupos familiares –la prensa lo registró sobradamente esta semana–, y esto explica que parte central de su política sea restituirlos. Y no ha perdido tiempo. Claro que, contrario a fortalecer la carrera diplomática, sus medidas imponen cargos a dedazo, amiguerío o por política de influencia. La primera señal de esto ocurrió a inicios de su gestión, cuando nombró a la hermana de Murillo, Jaqueline Mercedes Prijic, como cónsul en Miami, nada menos que aduciendo razones “humanitarias”. A esta le continuaron las designaciones de dos amigos de su hijo como embajadores y directores de Legalizaciones y Asuntos Jurídicos, como lo denunció el mismo Tuto Quiroga.

Luego, gracias al escándalo de los respiradores catalanes, supimos también que había nombrado como cónsul en Barcelona a Alberto Pareja Lozada, hijo de Ruth Lozada, exdiputada y candidata a primera diputada por JUNTOS. Pero el nombramiento que más indignación causa es el de Mohammed Mostajo como Primer Secretario en la Misión de Nueva York para las Naciones Unidas, con el pomposo cargo de embajador de Ciencia y Tecnología (como si fuese posible que un Embajador sea al mismo tiempo Primer Secretario). Misión a la que nunca se presentó, mientras percibía un sueldo de seis mil dólares viviendo en Bolivia, como lo reveló Nahí Nascimento en su último artículo sobre el tema.

Si indagamos un poco más encontramos que el embajador Jaime Aparicio Otero, actual representante de Bolivia ante la Organización de Estados Americanos (OEA), tiene el mismo apellido de la actual viceministra de Comercio Exterior e Integración, Claribel Sandra Aparicio Ferreira; y que Cristina Linale, quien fue nombrada cónsul en Valencia, España, está casada con Octavio Aparicio, hermano de Jaime Aparicio.

Ante todos estos hechos, Bourdieu seguramente apuntaría que la reproducción de la burguesía en el poder se caracteriza por patrones de clase y de reproducción familiar, nada más cierto en este caso, cuya contrapartida es la extirpación de todo lo que huela a indio de esa cartera de Estado, a no ser en cafetería y mensajería.

Este marcado sello de clase de Cancillería, se manifiesta clara y desafortunadamente en la política exterior: desde la vergonzosa expulsión de los médicos cubanos que llegaron a Bolivia como parte de la cooperación Sur-Sur que Cuba brinda a otros países en desarrollo (que ha demostrado su valor en la crisis sanitaria del coronavirus en el mundo); pasando por la inhumana gestión del conflicto de los bolivianos varados en Colchane e Iquique, que mereció el repudio internacional, incluso de la propia Organización Internacional de Migración, por el sesgo discriminador que tuvo, puesto que la propia Cancillería reconoció que podían regresar al país quienes pudieran pagar su pasaje y cuarentena; hasta la última actuación de Bolivia en el Movimiento de Países No Alineados (Mnoal), cuando a través de una carta se desasocia de este Movimiento en el tema de las anexiones en Cisjordania para apoyar a Israel y Estados Unidos, abandonando una posición tradicional y sólida de los países en desarrollo.

La política exterior ha sufrido cambios mucho más allá de las atribuciones que corresponden a un gobierno transitorio. Parte de los objetivos de este giro son establecer la estructura de un nuevo campo de poder y la nobleza de Estado en la política internacional, así como el poder de ciertos grupos de clase y familiares que sienten tener mérito suficiente porque poseen títulos gringos (dicho públicamente con nota oficial), aunque desconocen por completo la realidad del país en el que nacieron.

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