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El fascismo está actuando en Santa Cruz, el gobierno debe investigar

Las casetas del populoso mercado Mutualista en Santa Cruz comenzaron a quemarse la noche de ayer domingo, justamente al día siguiente de que los gremialistas anunciaron que no acatarán el anunciado paro de 48 horas decidido por la Gobernación y el Comité Cívico cruceños, a la cabeza de otras instituciones totalmente controladas por la derecha, como la Universidad Gabriel René Moreno. Aunque se desconocen las causas que originaron este desastre, llamó enormemente la atención que los pocos hidrantes de la zona no tenían agua, por lo que el fuego que inició en algunos puestos pudo extenderse rápidamente. Vanos fueron los esfuerzos de los comerciantes, que trataron de recuperar la mercadería que tenían en sus kioscos, arriesgando sus vidas. Con la llegada de los bomberos y colaboración de los mismos comerciantes se combatió el siniestro; luego, cuando arribó al lugar Luis Fernando Camacho, fue recibido con mucha hostilidad porque varios comerciantes abiertamente lo acusaron de estar detrás

Preocupante distanciamiento


¿Se habrá dado cuenta el gobierno que ha dilapidado la enorme fuerza social de respaldo que el pueblo le expresó con la "Marcha por la Patria"?

Han pasado tres meses de esa marcha y nada ha cambiado en el gobierno del compañero Luis Arce, nos referimos a alguna novedad que fortalezca la cohesión social y política dentro del proceso de cambio.

Sabemos que en esta gestión de gobierno predomina la burocracia técnica en cada ministerio, no hay trabajo en equipos interministeriales, es un gobierno que no cuenta con un sólido gabinete político y la orientación ideológica es confusa (basta leer el último comunicado del Ministerio de la Presidencia).

Pero en este contexto hay hechos muy preocupantes que el gobierno no debe subestimar, pues están indicando un peligroso distanciamiento del poder institucional (el propio gobierno) de la base política-social (indígena, obrera y popular) del proceso de cambio. Nos referimos a:

1) El incremento de las protestas violentas del magisterio urbano y del magisterio rural, sectores en los que siempre han existido dirigencias trotskystas, pero se tenía la capacidad de neutralizarlas actuando junto a tendencias de izquierda afines al proceso de cambio. Hoy se ha perdido gran parte de esa capacidad de articulación política luego de que se forzó la renuncia del anterior ministro de educación, que era un ex dirigente sindical de los maestros.

2) El crecimiento del malestar en sectores campesinos que ha llevado a la toma como rehenes de dos ministros (el de obras públicas Edgar Montaño y el de desarrollo rural Néstor Huanca, este último aymara) sin que hayan podido siquiera intentar resolver la demanda que motivó el bloqueo de caminos. El riesgo estéril al que se sometieron esas autoridades indica que el gobierno no cuenta con un sistema de alerta temprana y prevención de conflictos.

3) El quiebre entre un ministro y la bancada legislativa del MAS, que puede terminar arrastrando a ese ministro a una interpelación y posible censura, y todo debido a la verborragia de esa autoridad que debería manejarse públicamente con más cuidado. Y acá no es cuestión de que un vocero declare, como si de dar órdenes burocráticas se tratara, que "el tema está cerrado". Es que se mantiene abierto porque falla la coordinación política gubernamental con la bancada del MAS, que se supone es obligación del vicepresidente David Choquehuanca.

Para la estabilidad de la gestión de gobierno hay que cerrar rápidamente estas brechas sociales y políticas. Por lo menos hay que evitar que se sigan abriendo y agravando, hasta llegar a un punto de ruptura y no retorno. Y para evitar que los distanciamientos se conviertan en rupturas, no basta ir repitiendo por aquí y por allá que "la unidad es el camino", "la unidad es la garantía", "la unidad es la respuesta". Todos sabemos eso, pero esa unidad hay que construirla permanentemente y, desde el gobierno, se puede contribuir a construirla tomando decisiones, porque un gobierno es precisamente eso: una maquinaria para la toma de decisiones.

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